Conozca nuestra base espiritual, doctrinal y el compromiso humano e institucional de la Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina®.
La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina confiesa la fe cristiana en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de todas las cosas, Redentor de la humanidad y fuente de toda vida y santidad.
Creemos que Dios, por su gracia y amor, nos llama a la reconciliación consigo mismo y con nuestros hermanos y hermanas, y que esta reconciliación encuentra su plenitud en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.
Como Iglesia de tradición anglicana y episcopal, procuramos vivir nuestra fe en fidelidad a las Sagradas Escrituras, en continuidad con la tradición apostólica y anglicana, y mediante una vida de oración, culto, sacramentos, servicio y comunión.
Los invitamos a conocer más sobre nuestra historia.
La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina confiesa la fe cristiana en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de todas las cosas, Redentor de la humanidad y fuente de toda vida y santidad.
Creemos que Dios, por su gracia y amor, nos llama a la reconciliación consigo mismo y con nuestros hermanos y hermanas, y que esta reconciliación encuentra su plenitud en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador].
Como Iglesia de tradición anglicana y episcopal, procuramos vivir nuestra fe en fidelidad a las Sagradas Escrituras, en continuidad con la tradición apostólica y anglicana, y mediante una vida de oración, culto, sacramentos, servicio y comunión.
Creemos en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador, cuya vida, muerte y resurrección manifiestan el amor de Dios y constituyen el centro de nuestra fe.
Creemos que Jesucristo nos llama a seguirle, a amar a Dios y al prójimo, a vivir en santidad y a anunciar al mundo el Evangelio de la salvación.
Creemos que las Sagradas Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son Palabra de Dios y contienen todo lo necesario para la salvación.
Las recibimos como fundamento de nuestra fe y de nuestra enseñanza, leyéndolas en el contexto de la fe recibida de la Iglesia y procurando comprenderlas mediante la tradición cristiana y el uso responsable de la razón.
Nuestra adoración está profundamente arraigada en las Sagradas Escrituras. La Palabra de Dios es proclamada, escuchada, orada, cantada y meditada en nuestra vida litúrgica.
Creemos que la lectura y el estudio de la Biblia no son solamente ejercicios intelectuales, sino medios por los cuales Dios forma, transforma y fortalece a su pueblo.
El Libro de Oración Común (Book of Common Prayer) ocupa un lugar fundamental en nuestra identidad anglicana.
En él encontramos una expresión histórica de la fe de la Iglesia, de su vida de oración, de su culto y de su vida sacramental. Su principio de oración común expresa una de las características esenciales del anglicanismo: personas diversas pueden reunirse en una misma fe y participar de un mismo culto, encontrando su unidad en Cristo.
Por ello, nuestra Iglesia ordena su vida litúrgica y sacramental conforme a la tradición contenida en el Libro de Oración Común y a las demás formulaciones legítimamente adoptadas por nuestra Iglesia.
Creemos que el Santo Bautismo es uno de los grandes sacramentos instituidos por nuestro Señor Jesucristo, por medio del cual somos incorporados a Cristo y recibidos en su Iglesia.
Reconocemos y administramos el Bautismo tanto a niños como a adultos, entendiendo que existe un solo Bautismo y que la gracia de Dios no está limitada por la edad de quien lo recibe.
En el Bautismo de los niños, padres y padrinos asumen el compromiso de acompañarlos en el conocimiento y crecimiento de la fe cristiana, hasta que puedan profesarla y asumir personalmente sus promesas bautismales.
En el Bautismo de quienes pueden profesar personalmente su fe, la Iglesia procura que exista la debida preparación, instrucción y confesión de fe.
En todos los casos, el Bautismo nos llama a morir al pecado y a vivir una vida nueva en Cristo.
Creemos que los Credos de los Apóstoles y de Nicea expresan las verdades fundamentales de la fe cristiana y nos unen con la Iglesia de todos los tiempos.
Con ellos confesamos nuestra fe en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; en Jesucristo nuestro Señor; en su encarnación, muerte y resurrección; en el Espíritu Santo; en la Iglesia; en el perdón de los pecados; en la resurrección de los muertos y en la vida eterna.
Creemos que los sacramentos son signos externos y visibles de una gracia interna y espiritual, instituidos por Cristo y administrados por la Iglesia.
Reconocemos particularmente el Santo Bautismo y la Santa Eucaristía como los dos grandes sacramentos del Evangelio.
Asimismo, conforme a la tradición y a la enseñanza del Libro de Oración Común, reconocemos otros ritos sacramentales de la Iglesia: la Confirmación, la Reconciliación de un penitente, el Santo Matrimonio, las Santas Órdenes y la Unción de los enfermos.
Por medio de ellos, la Iglesia acompaña al pueblo de Dios en las distintas etapas y circunstancias de la vida cristiana.
Las Santas Órdenes comprenden los ministerios de diácono, presbítero y obispo. Nuestra Iglesia sostiene que el ministerio ordenado corresponde a varones bautizados, llamados, discernidos, formados y legítimamente ordenados conforme a la doctrina y disciplina de esta Iglesia.
Esta doctrina sobre el ministerio ordenado no disminuye en modo alguno la dignidad, santidad ni igualdad espiritual de hombres y mujeres ante Dios, sino que expresa nuestra comprensión particular del orden sacramental y ministerial de la Iglesia.
Creemos que Dios nos llama a participar de su vida eterna y que, por medio de Jesucristo, tenemos la esperanza de la resurrección y de la vida eterna.
Esta esperanza no se fundamenta en nuestros propios méritos, sino en la gracia y misericordia de Dios manifestadas en Jesucristo.
Por ello procuramos perseverar en la fe, crecer en santidad, amar al prójimo, practicar la justicia y vivir conforme al Evangelio, confiando en la promesa de nuestro Señor:
Con estas bases de fe, deseamos que toda persona que se acerque a nuestra Iglesia pueda encontrar una comunidad cristiana en la que experimentar fe, esperanza, restauración, oración, comunión y servicio.
Somos una Iglesia que busca anunciar el Evangelio de Jesucristo, celebrar la presencia de Dios en el culto y los sacramentos, estudiar las Sagradas Escrituras y acompañar a las personas en su camino de fe.
Si estás buscando una comunidad cristiana en la que puedas adorar a Dios, conocer más profundamente a Jesucristo, crecer en la fe y servir a los demás, te damos la bienvenida.
Te invitamos a detenerte por un momento y, estés donde estés, a elevar con nosotros esta oración:
Amado Dios y Padre nuestro,
te damos gracias por el don de las Sagradas Escrituras, por la fe que hemos recibido de tu Iglesia y por la gracia que nos has concedido en Jesucristo nuestro Señor.
Abre nuestros corazones para escuchar tu Palabra, comprenderla, vivirla y compartirla con los demás.
Haznos crecer en la fe, la esperanza y el amor; fortalece nuestra comunión como hermanos y hermanas en Cristo, y ayúdanos a ser instrumentos de tu paz, tu misericordia y tu justicia en el mundo.
Recibe a quienes buscan conocerte y guíalos en su camino hacia ti. Haz de nuestra Iglesia una comunidad fiel al Evangelio, acogedora con quienes buscan, misericordiosa con quienes sufren y comprometida con el servicio.
Todo esto te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.
Amén.