Tradición Apostólica y Litúrgica
Sobre Nosotros
Nuestra Identidad • Fe • Vocación

Sobre Nosotros

Conozca nuestra base espiritual, doctrinal y el compromiso humano e institucional de la Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina®.

«El Señor es mi Pastor, nada me faltará» (Salmo 23) Instituto Teológico Latinoamericano • Formación Ministerial «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13) www.iglesiaepiscopal.com.ar «El Señor es mi Pastor, nada me faltará» (Salmo 23) Instituto Teológico Latinoamericano • Formación Ministerial «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13) www.iglesiaepiscopal.com.ar
Memoria, Fe y Continuidad

Nuestra Identidad

La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina confiesa la fe cristiana en el único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de todas las cosas, Redentor de la humanidad y fuente de toda vida y santidad.

Creemos que Dios, por su gracia y amor, nos llama a la reconciliación consigo mismo y con nuestros hermanos y hermanas, y que esta reconciliación encuentra su plenitud en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Como Iglesia de tradición anglicana y episcopal, procuramos vivir nuestra fe en fidelidad a las Sagradas Escrituras, en continuidad con la tradición apostólica y anglicana, y mediante una vida de oración, culto, sacramentos, servicio y comunión.

Los invitamos a conocer más sobre nuestra historia.

Fundamentos Doctrinales e Históricos

Sucesión Apostólica y Legitimidad del Ministerio Ordenado

Una aproximación histórica, sacramental y ecuménica

Nota Histórica

El presente texto tiene finalidad histórica, teológica y ecuménica. No pretende atribuir a otras Iglesias posiciones que oficialmente no sostienen, ni resolver mediante una declaración unilateral controversias intereclesiales de larga tradición. Su propósito es exponer los fundamentos sobre los cuales la Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina comprende la continuidad de su ministerio ordenado y su relación con la tradición apostólica.

La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina reconoce el ministerio ordenado como parte esencial de la estructura histórica de la Iglesia de Cristo y entiende la sucesión apostólica como expresión de la continuidad histórica, sacramental y ministerial de la Iglesia.

Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia ha reconocido un ministerio ordenado ejercido mediante obispos, presbíteros y diáconos, transmitido mediante la oración y la imposición de manos. Esta continuidad episcopal constituye para nuestra Iglesia un elemento fundamental de su identidad eclesial.

La sucesión apostólica no debe entenderse simplemente como una cadena genealógica de nombres, ni como una garantía automática de santidad, ortodoxia o salvación. Se trata, ante todo, de la continuidad de un ministerio recibido, transmitido y ejercido dentro de la Iglesia, al servicio de la predicación del Evangelio, la celebración de los sacramentos, la preservación de la fe y el cuidado pastoral del Pueblo de Dios.

La Iglesia más allá de las divisiones históricas

La historia del cristianismo demuestra que las divisiones entre comunidades cristianas no siempre han significado la desaparición de todos los elementos de la vida eclesial compartida.

A lo largo de los siglos, distintos Padres y maestros de la Iglesia reflexionaron acerca de la permanencia de los sacramentos y del ministerio aun en situaciones de cisma, controversia o separación. Particularmente, la tradición atribuida a San Agustín de Hipona desarrolló la distinción entre la existencia del sacramento y la dignidad personal o situación disciplinaria de quien lo administra.

Asimismo, el Concilio Vaticano II reconoció que entre los cristianos separados de la comunión romana existen diversos elementos auténticamente cristianos, entre ellos la Sagrada Escritura, la fe, la vida de la gracia y determinados elementos visibles de la Iglesia. Reconoció igualmente que quienes reciben válidamente el Bautismo quedan unidos por un vínculo sacramental.

Estas consideraciones permiten comprender que la historia de la Iglesia no puede reducirse simplemente a una división entre comunidades que poseen absolutamente todos los elementos de la vida eclesial y otras que carecen absolutamente de ellos.

Nuestra Iglesia sostiene que la acción de Cristo no queda anulada por las limitaciones humanas y que la gracia de Dios no depende de la perfección personal de quienes ejercen el ministerio.

La acción de Cristo en los sacramentos

La tradición cristiana ha sostenido desde la antigüedad que la eficacia de los sacramentos no depende exclusivamente de la dignidad personal del ministro que los administra.

Esta convicción aparece especialmente desarrollada en la tradición patrística y en la teología sacramental de San Agustín, quien distinguió entre la permanencia del sacramento y la situación moral o disciplinaria de quien lo administra.

Esta doctrina permite afirmar que la acción sacramental tiene su fundamento último en Cristo, verdadero autor de la gracia, y no en los méritos personales del ministro.

Por ello, nuestra Iglesia distingue cuidadosamente entre conceptos que, aunque relacionados, no son idénticos:

Validez sacramental Referida a la realidad sacramental de un acto conforme a sus elementos esenciales.
Licitud Referida a su conformidad con las normas y disciplina de una determinada Iglesia.
Reconocimiento eclesial Referido a la aceptación de un ministerio o sacramento por parte de una determinada comunidad.
Comunión eclesial Referida a la relación espiritual, doctrinal, sacramental e institucional existente entre Iglesias y comunidades cristianas.

Esta distinción resulta fundamental para comprender las diversas posiciones existentes dentro del cristianismo respecto del ministerio ordenado.

Vida Apostólica & Testimonio

Nuestra Iglesia en Imágenes

Collage Fotográfico - Vida Sacramental, Litúrgica y Pastoral de la Iglesia Episcopal

Testimonio fotográfico de la tradición apostólica de nuestra Iglesia, de manos de nuestro Obispo Primado, haciendo aquella tarea encomendada a los apóstoles: "Hagan esto en memoria de mí" (Lc. 22:19) .

La cuestión de las órdenes anglicanas

La cuestión de las órdenes anglicanas ha sido históricamente objeto de una controversia particularmente importante.

La Iglesia Católica Romana, mediante la Carta Apostólica Apostolicae Curae, promulgada por el Papa León XIII en 1896, declaró inválidas las ordenaciones conferidas según el rito anglicano. La argumentación romana se centró principalmente en cuestiones relativas a la forma sacramental y a la intención expresada en el rito de ordenación.

La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina no comparte dicha conclusión y comprende su propio ministerio ordenado desde la continuidad de la tradición episcopal y sacramental que recibe y transmite.

Nuestra posición no pretende desconocer la existencia de aquella controversia histórica, sino reconocerla con honestidad y afirmar nuestra propia comprensión eclesiológica.

La cuestión de las órdenes anglicanas ha continuado siendo objeto de estudio y diálogo ecuménico, y la existencia de diferentes posiciones no elimina la necesidad de examinar históricamente las fuentes, las prácticas de la Iglesia antigua, la sucesión episcopal y la teología sacramental.

Por ello, la sucesión apostólica de nuestra Iglesia se entiende no como una afirmación de superioridad sobre otras comunidades cristianas, sino como parte de nuestra propia identidad, responsabilidad y continuidad ministerial.

Sucesión apostólica y episcopado

Para nuestra Iglesia, el episcopado constituye un ministerio de continuidad, unidad, enseñanza y gobierno pastoral.

El Obispo recibe el ministerio episcopal mediante la oración y la imposición de manos de otros obispos, en continuidad con la tradición episcopal de la Iglesia.

En virtud de su ministerio, corresponde al Obispo ejercer las funciones propias del episcopado conforme a la doctrina, liturgia y disciplina de nuestra Iglesia, particularmente en lo relativo a la ordenación de ministros, la Confirmación, la supervisión pastoral y la preservación de la unidad de la Iglesia.

La sucesión apostólica, sin embargo, no se considera suficiente por sí sola para definir la fidelidad de una Iglesia. Debe estar acompañada por la fidelidad al Evangelio, la confesión de la fe cristiana, la vida sacramental, la enseñanza apostólica y el servicio pastoral al Pueblo de Dios.

Nuestra Iglesia reconoce en su historia ministerial la existencia de diversas líneas de sucesión episcopal documentadas, recibidas y transmitidas mediante la imposición de manos, que forman parte de la continuidad histórica de su episcopado.

Estas líneas de sucesión constituyen un elemento de nuestra historia eclesial y ministerial, pero su verdadero sentido no reside en una mera enumeración genealógica, sino en la responsabilidad de recibir, custodiar y transmitir fielmente el ministerio apostólico.

Una cuestión de continuidad, no de rivalidad

La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina reconoce que existen diferentes concepciones cristianas acerca de la naturaleza de la Iglesia, del ministerio ordenado y de la sucesión apostólica.

Por ello, no pretende resolver mediante una declaración unilateral controversias que durante siglos han sido objeto de estudio teológico y diálogo ecuménico.

Nuestra afirmación es, ante todo, una afirmación de fe:

Creemos que Cristo continúa edificando y sosteniendo a su Iglesia.
Creemos en la continuidad del ministerio apostólico.
Creemos en el episcopado histórico.
Creemos en la dignidad sacramental del Orden.
Y recibimos nuestra propia sucesión episcopal como parte de la herencia que nuestra Iglesia está llamada a custodiar y transmitir.

La sucesión apostólica no constituye para nosotros un motivo de orgullo humano ni una prerrogativa personal, sino una responsabilidad espiritual.

Quien recibe el ministerio apostólico no recibe un privilegio para sí mismo, sino una obligación mayor: predicar el Evangelio, administrar fielmente los sacramentos, guardar la fe recibida, servir al Pueblo de Dios y transmitir a las generaciones futuras aquello que ha recibido.

De este modo, entendemos la sucesión apostólica no solamente como continuidad histórica, sino como continuidad viva de la misión de Cristo confiada a su Iglesia.

Documentos y testimonios históricos

La comprensión de la sucesión apostólica y de la permanencia del ministerio ordenado en la Iglesia ha sido objeto de reflexión desde los primeros siglos del cristianismo.

Entre los testimonios históricos que merecen estudio se encuentran las disposiciones del Concilio de Nicea (325) respecto de determinados grupos separados de la comunión de la Iglesia, así como diversos escritos y testimonios atribuidos a Padres de la Iglesia como San Agustín de Hipona, San Jerónimo, San León Magno y San Gregorio Magno.

Estos testimonios muestran la complejidad con la que la Iglesia antigua abordó las cuestiones relacionadas con el Bautismo, la ordenación, el cisma, la herejía, la recepción de ministros provenientes de otras comunidades y la permanencia de determinados elementos sacramentales.

Su estudio debe realizarse atendiendo siempre al contexto histórico, al significado original de los textos y a la evolución posterior de la doctrina y de la disciplina de las distintas Iglesias.

Por esta razón, la Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina invita a quienes deseen profundizar en esta materia a estudiar directamente las fuentes históricas y los documentos oficiales de las diferentes tradiciones cristianas, promoviendo un conocimiento responsable, respetuoso y libre de prejuicios.

Consideración final

La historia de la Iglesia enseña que las divisiones humanas no han podido borrar la obra de Cristo ni extinguir la acción del Espíritu Santo.

Por encima de las diferencias jurisdiccionales, históricas y doctrinales, permanece la confesión fundamental de la fe cristiana: un solo Señor, una sola fe y un solo Bautismo.

La Iglesia Episcopal Anglicana de Argentina procura vivir esta realidad con fidelidad a las Sagradas Escrituras, en continuidad con la tradición apostólica y anglicana, y con profundo respeto hacia todos aquellos que confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador.